lunes, 8 de septiembre de 2008

UNA PERLA EN MI VIDA

Estoy locamente enamorada. Lo sabía antes incluso de conocerla porque llevaba mucho tiempo esperándola, presagiándola, deseándola. Pero la certeza se hizo palpable desde el primer instante frente a su mirada azul, el flechazo era irremediable.

Llega ahora, cuando más la necesito, en un nuevo acto de sincronicidad, porque no puede ser casualidad que toda mi vida la haya estado soñando y que sea ahora precisamente, cuando yo andaba buscando ronroneos, abriendo espacios y cerrando huecos, cuando el destino la manifiesta en forma de regalo con el que mi familia no sabe qué hacer, ante lo que mi madre piensa que la mejor opción es que Cristina la cuide y que ella cuide a Cristina.

Y allá que me lanzo yo, conduciendo setenta kilómetros entre pinos y soñando con su encuentro. Llego al hogar paterno, saludos, besos, abrazos y mi impaciente pregunta -¿¡dónde está, dónde está!?-. Mi madre me conduce al rincón donde siempre los teníamos en otras épocas y la encuentro pequeñita, dentro de una caja de cartón, desperezándose sobre una alfombra vieja. Una gatita cruzada de siamés, blanca, moteada con ligeras manchas de leche merengada, las orejas y el rabo grises y unos preciosos ojos de cielo azul. Me mira, la miro, suelta unos dulces ¡miu, miu, miu! (porque aún no sabe decir un “Miau” en condiciones), la elevo con suavidad, abrazándola contra mi pecho para darle seguridad, ella me mira a la cara con sus luceritos azules, me ronronea y yo me derrito completamente. Soy suya para siempre.



Pasé el día jugando con ella, la conexión fue increíble, consiguió hacerme olvidar, reír, enternecerme e ilusionarme. ¡Un bichito tan pequeño y con tanto poder curativo!. La conduje otros setenta kilómetros a su nueva casa (nuestra casa ahora) y, mientras le construía su nuevo rincón con comida, leche, caja de arena y cuna para dormir, ella inspeccionaba el terreno con toda la curiosidad felina del mundo; el universo de debajo de los armarios, el universo del espejo del pasillo (ante el que daba respingos resoplando ante su propio reflejo), el universo del salón con sus sillones, sus cables tan provocativos ante sus inmensas ganas de jugar, sus patas de sillas y mesas, el universo de las habitaciones que sólo exploró superficialmente y que dejó para profundizar otro día porque ya era mucho para descubrir y estaba agotada… Llenó mi espacio en unos instantes, es más, se hizo la reina absoluta de todo el territorio porque mi casa ya no es mi casa, sino la suya, y yo encantada de cederle la corona.

Después de cenar, caímos rendidas en el sofá, ella sobre mí, yo debajo de su arrullo y de los ásperos besos de su lenguecita rosa. Despertamos a las dos de la madrugada con la tele hablando sola, nos miramos y le dije –a la cama pequeña, que ya es hora-, pareció comprender perfectamente y, sin apegos, ni maullidos de protesta, ni señales de extrañar nada, la llevé a su lugar donde se quedó como si ese hubiese sido su sitio desde siempre.


Esta mañana he despertado con una ilusión, la de ir a reencontrarme con ella, pero en el trayecto desde mi habitación hasta la suya, he sentido miedo por un momento, pensé que tal vez lo habría soñado (aunque el escozor de sus pequeños arañazos sobre mi piel me garantizaba que no era así), o que se habría esfumado, o que podría haberle pasado algo durante la noche porque no hizo un solo ruido. Pero no, ahí estaba, desperezándose de nuevo entre sus mius y, enseguida, sus cabriolas de medio lado con el rabo alzado, sus patitas dando pequeños golpes a todo lo que se tropezaba a su paso y sus muestras de independencia gatuna. Cómo no, en mi rostro, una gran sonrisa.

He encontrado una perla única y así la he querido bautizar.

Gracias por venir a mi vida, ¡bienvenida, Perla!.

9 comentarios:

el huerfano piano dijo...

Bien venida perla
y bendita perla al tener alguien como tu a su lado

Raúl dijo...

Anda, ¡qué rica! yo quiero una también. Llevo mucho tiempo pesando en volver a cuidar de un gato o un perro, así que verte es motivación para hacerlo. Entre tanto tendré que conformarme con escuchar el ruido de las palomas en su "nidito" de amor. Espero verte esta mañana, me pasaré por tu "sitio".
Besos.

Cristina dijo...

Gracias, mis otras dos perlitas.

Raquel, bendita yo por tenerte, cada día más cercana, cada día más real.

Raúl, te animo a poner otra perla en tu vida, es realmente terapéutico encontrarte con sus ojos cuando llegas a casa. Lo de tu palomar tampoco está mal como complemento, al menos te recuerda que todavía existe el amor eterno en alguna parte. Te espero aquí, en mi "sitio", tenemos planes pendientes.

Ronroneos para los dos.

el huerfano piano dijo...

Debo confesar desde mi interior, que aquella, perla, me da invidia por tenerte,eso no deja que la quiero mucho, pero también siento lo bien acogedora que esta contigo, porque tu como todos lo saben cuidas de lo que quieres.
es por eso que pido que te cuides
es por eso que quiero ser una gatita aun que sea por un día para tenerte cercita a mi y sentir tu abrazos y mimos, que en mi imaginacion vuela.

si, tiene suerte esa gata, yo no la tuve de niña, pero te dejo que le des todo el cariño que a mi no me han dado, y tu, quien mejor que tu sabe dar cariños.

Ella es la perla de tu vida, entre tantas perlas que te eseperan por llegar y tu eres su unica perla y mi unica estrella.

Tu amistad, tu sabiduria me hace sentir mas afortunada cada dia.

esa gatita esta llena de calor y amor para siempre, porque tu prometes.
simplemente una reflexion mia

loose dijo...

Qué cosita más bonita. Yo tuve una hace tiempo. Era mi "cosita" como yo la llamaba. Una gata persa de color beige, pelo largo y unos ojos miel que te dejaban hipnotizada.
Me encantaba estar con ella era como mi peluchito, ese que te gustaría tener y achuchar a todas horas. Te hace sentir muy a gusto hace de terapia a la vez.
Te distráes un montón y dejas de pensar en tantas cosas que se nos acumulan en la cabeza.
Me has hecho recordar a mi pequeñita Daisy, así se llamaba.
Cuídala y mímala mucho. Dicer por ahí que los gatos son muy ariscos, pero de eso nada. A la mía le encantaba estar siempre a mi vera, eso si, muy independiente, espacio, cada uno su espacio. Al fin y al cabo, se comportar como deberíamos hacerlo la mayoría de los humanos. Libertad, independencia, espacio, pero siempre a nuestro lado.

Muchos besos.

Tot dijo...

Enhorabuena por esa entrada en tu vida!! El post es muy bonito, me ha puesto la carne de gallina porque soy muy sensible a esa conexión entre seres humanos y animales.... Yo nunca he tenido un gato, pero si tengo una perrica con la que siento muchísimas de las cosas que dices...

Una no sabe por qué pero sabe que esa perra estaba ahí para ella.. Por eso, y por una ilusión como la tuya, la mía se llama Nala, que es, precisamente, Regalo, porque tener a alguien así es, eso, un Regalazo!
Que seas muy feliz con Perlica!!

bardinda dijo...

Pues es preciosa y seguro que buena compañera.

Un saludo

Anónimo dijo...

Hola Cristina hay mucha pasión en todas tus gestas, este recibimiento a lo grande de Perla, tal como lo describes, nos conduce a su alegría, diría que también la conmovió, prueba de ello son sus tatuajes en tu piel, que no les regala a cualquiera.

Cristina dijo...

Gracias anónimo, hay seres que se merecen un recibimiento a lo grande en mi vida, son esos a los que mi alma esperaba desde siempre y cuando se tropieza con ellos los reconoce inmediatamente. Eso ocurre raramente, pero cuando llega, no dudo en abrirles mis brazos.

Bienvenido!

Un abrazo.