lunes, 22 de septiembre de 2008

LAS MARIPOSAS DE ARENA


Un precioso día soleado dos mariposas se encontraron posando sus alas en la ladera de un monte, descansaban sobre los pétalos de dos margaritas idénticas y, mirándose de reojo, enseguida se percataron de que la escena era un reflejo en espejo. Tenían los mismos colores, las mismas antenas, los mismos movimientos, emitían los mismos sonidos, habían escogido flores gemelas y seguían el mismo recorrido.
Una de ellas, atónita por la exactitud del momento, decidió romper el silencio:
-Hola, ¿estás de paso?
-Sí, yo siempre estoy de paso-, contestó la segunda mariposa, -me dirijo al jardín de los sueños, es allí donde quiero morir-
-¡Qué casualidad!, yo también quiero llegar allí, pero tengo un problema, mis alas están algo dañadas y no creo que pueda acabar el trayecto.
-¡Cómo que no!, si eres una mariposa de los sueños, tienes que poder, si lo sueñas de verdad, todo el universo conspirará para que se cumpla- dijo la segunda mariposa.
-Me da miedo, dudo, no se..., creo que prefiero quedarme aquí, es un lugar bonito, tranquilo, no estaría mal morir aquí mismo.
-¡Ni pienses en eso!. ¡Vamos, anímate, volaremos juntas!

Y así fue cómo las dos mariposas emprendieron unidas su vuelo hacia el jardín de los sueños. Soñaron sueños al unísono, cantaron, bailaron, rieron, compartieron las más bellas flores, se revelaron secretos, fundieron sus cuerpos y sus almas... Hasta que, un buen día, las dos supieron que se amaban, pero ninguna se atrevió a confesarlo. ¿Quién iba a arriesgar a que le partieran el corazón, quién iba a aventurarse a ganar, si después tenía que perder?, ¿quién?. Ninguna, ninguna lo hizo. Y, poco a poco, un velo de recelo fue tiñendo su alianza. Es lo que ocurre cuando las palabras se disfrazan para ocultar las verdaderas.

Las deterioradas alas de la primera mariposa habían aguantado bien el duro camino hasta ese punto, pero la desolación que empezaba a asomar en su alma hizo el resto de la herida y sus escamas de colores comenzaron a caerse con extrema rapidez. La segunda mariposa nunca dejaba que sus heridas de desolación se manifestaran hacia el exterior.

Una mañana, al despertar, la mariposa primera intentó arrancar su vuelo, pero sus alas ya no respondían. La segunda, viendo el gesto de dolor de la primera, le dijo:
-Ya estás con tus miedos de siempre, ¡vamos, haz un esfuerzo!
-No puedo, te lo prometo, esta vez estoy herida de verdad. Te dije que no podía responder por mis alas, ni garantizar que fuese capaz de llegar hasta el final. Se que te enfadarás si paro aquí, se también que no estás dispuesta a esperarme, ni a ayudarme, porque tus deseos son más fuertes. Sigue tú sola, necesito curarme, me quedo aquí por un tiempo.
La segunda mariposa empezó a cambiar su expresión frunciendo el ceño y, sin pensarlo dos veces, le dijo furiosa:
-¿Me estás culpando de tu herida?, ¡tus alas ya venían rotas cuando te conocí!. Yo también tengo mis propias heridas, aunque no supuren por mis alas, y no te culpo por ello. Tú lo has decidido, no yo, tú me has echado de aquí, así que seguiré mi vuelo sola.

El silencio cubrió todo de gris. Los días se hacían eternos, las noches de hielo. La primera mariposa se quedó en una pequeña cueva oscura escuchando cómo su propio latido bombeaba la sangre que iría curando sus alas, mientras derramaba litros de lágrimas y se preguntaba cómo la otra mariposa podía haberla abandonado allí, en medio de la nada, precisamente ahora, cuando más la necesitaba. La segunda mariposa volaba y volaba sin cesar para no detenerse a pensar, aunque su dañado corazón comenzaba a fallar demasiado y le pedía imperiosamente que se detuviera de una vez o explotaría entre una bruma rosa. Cuando se detuvo, por fin, quedándose a solas con su silencio, la imagen de la primera mariposa comenzó a perseguirle obstinadamente, por mucho que intentaba detenerla. Algunas noches, en que la luna llena la fijaba con fuerza a su memoria, la cólera subía por su garganta hasta hacerle estallar preguntando al viento porqué la primera mariposa le había abandonado en su vuelo, dejándola en medio de la nada, precisamente ahora, cuando más la necesitaba.

Cuando la mariposa de las alas rotas se sintió fuerte y recuperada, decidió retomar su vuelo, por supuesto esta vez sola, pues no quería saber nada más de la mariposa cruel que la abandonó cuando más la necesitaba. Cuando la mariposa del corazón dañado se sintió fuerte y recuperada, continuó igualmente su vuelo, también por supuesto sola, pues no quería ni oír hablar de la mariposa quejumbrosa que la abandonó cuando más la necesitaba.

Pero, curiosidades de la vida, el destino parecía empeñarse en que se encontraran de nuevo y, un atardecer, en la ladera de otro monte, las dos fueron a aterrizar en la misma margarita. Al verse con las patitas unidas sobre el estambre de la flor dispuestas a libar el mismo néctar, ambas saltaron despavoridas cada una por un lado, sin decirse ni nada. A partir de aquel día, se siguieron el vuelo a corta distancia, pero nunca se cruzaron la mirada, ni una sola palabra. Intentaban evitarse continuamente, pero el universo seguía insistiendo en sus reencuentros. Algunas veces, alguna de las dos entonaba canciones de decepción sobre la otra y el eco se ocupaba de hacerlas llegar a los oídos de su destinataria, a lo que ésta respondía creando melodías con el mismo tono y letra.

En medio de su autosuficiencia, ninguna de las dos se percató de que se avecinaba un largo desierto en el trayecto, pero casualmente la primera mariposa había cargado un pequeño pétalo con una reserva de agua y la segunda mariposa otro con una pequeña reserva de comida. Los primeros días en el desierto fueron difíciles, pero consiguieron sobrellevarlos. La primera bebía sorbitos de agua y aún le sobraba para regalar, pero tenía un hambre infernal. La segunda ingería bocaditos de comida y aún le sobraba para regalar, pero tenía una sed diabólica. Las dos conocían perfectamente que cada una tenía lo que la otra necesitaba para sobrevivir, pero ninguna dijo nada, ninguna pidió nada, ninguna quiso dar el primer paso.
El hambre y la sed se convirtieron poco a poco en dagas mortales que acechaban a las dos. La debilidad les hizo detenerse, y curiosamente, fueron hacerlo cada una a una ladera de un pequeño montículo de arena. Podían oírse sus respiraciones agonizantes, sabían que estaban allí y que cada una tenía la salvación de la otra, pero callaron.

El siguiente amanecer no hubo más vuelos, ni más canciones de decepción, tampoco soñaron nunca más sueños al unísono, ni cantaron, ni bailaron, ni rieron juntas, no compartieron jamás de nuevo las más bellas flores, ni se revelaron secretos, tampoco fundieron más veces sus cuerpos ni sus almas. Ninguna pudo llegar al jardín de los sueños porque todo acabó allí para las dos.

Alguien me contó que las encontraron muertas, cada una a una ladera de un pequeño montículo, casi enterradas, creando la silueta de dos bellas estatuas aladas de arena. La primera con su pétalo de agua, la segunda con su pétalo de comida. Pero cuando soplaron sobre las figuras, hallaron algo más apoyado en sus pechos, junto a su pétalo las dos sujetaban fuerte, entre las manos apretadas contra su corazón, una pequeña nota donde cada una decía exactamente lo mismo:
“quiero volar a tu lado al jardín de los sueños”.









7 comentarios:

Interludio dijo...

El orgullo no debe privarnos del amor. Y en el amor hay que saber esperar al otro, ser comprensivos, ayudarse mutuamente, y cuando se esta bien volar lo mas alto posible. Pienso que hay que entregar esa nota que guardaban junto al pecho, hay que dar el amor ...

Cristina dijo...

De eso se trata, interludio, de eso precisamente...

Gracias.

el huerfano piano dijo...

cuantas curvas en un cuento, que camino más largo, para poder volar sola y contrarse con el deseo.

el amor es asi nos sorprende cuando estamos fuertes nos abandona cuando somo debiles, al fin y al cabo él es el motor de las alas.

Anónimo dijo...

Volarás al jardin de los sueños,cuando menos lo esperes.

Besos Pompera.

el huerfano piano dijo...

sabes el proceso de volar es tuyo , activa tus alas y vuela, lo mas alto, lo mas libre, por alli encontraras variedades de mariposas

un beso fuerte Cristina

Cristina dijo...

Gracias Pompera y Raquel.

El jardín de los sueños está al alcance individual de todos y hacia allí vuelo cada día, batiendo las alas fuerte y decidida, a pesar de las heridas. Si bien la idea y el simbolismo iban por otro lado.

Un besito a las dos desde esta margarita en la que ahora reposo.

el huerfano piano dijo...

sé que la idea de simbolismo iban por otro lado y no tengo dudas sobre las fuerzas de tus alas y de capacidades a volar, solo que cuando tu vuelas con fuerza puedes ayudar a la otra mariposa y oreintarle a donde volar.
porque por mas mariposas que seamos, tenemos miedo a volar y sobre todo sin saber a que altura podemos llegar

un beso