lunes, 14 de julio de 2008

BENDITOS ÁNGELES

Hay veces que un silencio apocalíptico se apodera de ti, hunde sus uñas en tus labios, en tu mente y en tu corazón y te convierte en un ser bloqueado y mudo tras el impacto, atrincherado detrás del miedo. Pero, a veces, llega uno de esos maravillosos ángeles guardianes y se pone a mover tu voz sin mover tus labios, hablando por ti, cambiando el mutismo por letras llenas de los significados de una vida vivida y poniendo nombre a la emoción. Y es un empujoncito que te mueve…

Gracias, mi querida Mónica, por hablar hoy aquí, por romper este silencio, por ese abrazo de palabras, por todo lo que tú y yo sabemos.

Benditos ángeles…


CERRANDO PUERTAS
Algunos días te despiertas con la valentía de llevar a cabo una decisión muy dura para ti pero que de repente se muestra clara en tu cabeza, por mucho que cueste, por mucho que duela. Y ves que detrás de esa decisión lo que tendrás que superar no es mayor que un granito de arena, porque sabes que detrás de éste está tu salvación y por fin, tu tranquila felicidad.
A medida que se acerca el momento en cuestión, te armas de valor y pones las palabras bien claras en tu mente y sobre la mesa, y empiezas a recitarlas como tantas veces ya has hecho en silencio, y te salen bien, tan comprensibles y tan evidentes que por unos instantes pareces inerte y fría como un témpano de hielo, sin dejar mostrar al que las escucha el río de sentimientos que están aflorando por tus poros y esas dos lágrimas que están luchando por mantenerse escondidas.
Aprietas tus manos y tus labios. Ya está todo dicho, todo hecho, todo acabado. Cerrada una etapa de tu vida que ayer era lo que te atormentaba y hoy… hoy sólo recuerdas las cosas buenas, los momentos más felices de aquellos días, como si la vida te mandara señales contradictorias a lo que piensas que parecen decirte “quizás no hayas hecho lo correcto”… Y tu mente se empieza a retorcer, se convierte en un remolino de pensamientos contrariados, dudas, incertidumbre y miedo, dolor y mucha, mucha inseguridad.

Y ese grano de arena que tenías que sortear empieza a crecer, empieza a convertirse en una montaña altísima difícil de escalar y que, estando sola, se hace mucho más dura. En un primer pensamiento fugaz remoloneas y te crees perezosa para enfrentarte a ella, pero eres fuerte, y sabes que tarde o temprano coronarás, aunque la mochila tan llena de recuerdos empieza a pesar y a hacerse insoportable.
Es un duro camino. Te flaquean las piernas y te tiemblan las manos. En tu cabeza la idea de escapar de este trance se hace cada vez más fuerte y tienes que luchar muchas veces contigo misma para no abandonar a mitad del camino. Pero aun estás tan lejos…
Y al llegar a la cima después de tantos días de llantos y pesar ves la puerta que tanto ansías cerrar de un portazo, pero con una calma que ni tú misma esperas, pausadamente te acercas a ella, la miras de frente, con la cabeza muy alta, colocas tus manos extendidas sobre ella y la acaricias suavemente reposando tu cabeza en su regazo, cierras los ojos y sonríes, y con mucho tacto la empujas lentamente y sin hacer ruido, como si no quisieras despertar lo que allí se queda detrás guardado. Notarás como la montaña ha descendido bajo tus pies y estás ahora pisando sobre suelo firme. Entonces sientes que tu viaje ha terminado de una vez y para siempre. Y sabes que eres dueña de ti misma de nuevo y estás entera para afrontar lo que te depare la vida… una vida hermosa y llena de regalos que está esperando justo ahí, a tu lado, cogida de tu mano.

Mónica.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Una historia de un ángel para otro ángel... Porque los ángeles se parecen mucho entre sí.

Con cariño. Mónica.

el huerfano piano dijo...

Emocionante y tan real, nos cuestar ser libres, asi como nacimos, olvidar, luchar, mantener firme es lo que te hace crecer, saber y sobre todo ser tu con tu libertad.
y para eso, a veces necesitamos angeles como tu y Monica.

Raquel Sultana dijo...

y me pregunto donde estas
me haces falta
espero que estas bien , extraño mucho tus posts

un abrazo

loose dijo...

...Cuanto admiro esa valentía, el reunir el valor suficiente para poder ser libres y poner freno a esa incertidumbre y miedo que nos ronda el pensamiento y que nos paraliza para iniciar un nuevo camino sin remordimientos ni culpa alguna por haber dejado atrás una etapa de nuestra vida.
Yo también tengo la suerte de haberme encontrado un ángel mientras estaba sentada al borde del camino y aunque siga sin moverme del sitio, siento que en mi interior ha pasado un huracán.
Es una suerte tener un ángel a tu lado que sabes que siempre estará ahí...

Cristina dijo...

Gracias a todos mis ángeles por vuestro aliento con cada pequeña palabra que me regaláis en este rinconcito.

Mónica, qué decirte?, nos tenemos y lo sabemos y eso es más que suficiente.

Raquel, siento este silencio en el que me he sumergido, pero a veces la vida te conduce a él inexorablemente. Prometo intentar salir pronto de él.

Loose, bienvenida a mi pequeña casa virtual, te invito a entrar y salir de ella cuando quieras. Es un gran placer poder contar contigo.

Un abrazo, angelitos míos.

loose dijo...

Muchas gracias Cristina, tú también eres bienvenida a mi blog, y todos cuantos querais compartir conmigo esos momentos de reflexión que parece que al plasmarlos en un relato nos reconforta y nos llena de enegía.

Gracias de corazón.

Anónimo dijo...

Siempre que se cierra una puerta, se abre una ventana y al final todo tiene su por qué en la vida. Lo importante es ser feliz consigo misma y quererse así misma. En la vida hay rachas buenas, regulares y malas, pero no hay mal que 100 años dure y la vida es muy bonita y hay que disfrutar de ella.La madrileña